Las historias de Maurice …

Cap 47 – Yo nunca tuve un Golf

Recordarás que a principios de los ochenta, o tenías un Golf (Volkswagen) o no eras nadie en la salida de la disco. Yo no quería ser menos y aproveché el anuncio de racionamiento de gasolina en España (como ha cambiado…

CAP 46 – Ayer cobre la deuda

Ayer noche fui al circo a cobrar una deuda, o quizá sería más exacto decir a pagar la deuda que había contraído con mi adolescencia. Estuve desde los ocho hasta los diecisiete años en internados. No puedo decirte que fuera…

Cap 45 – Caigo mal y… ahora lo sé

Entre las buenas cosas, muchas, que me aportó mi etapa militar, una muy especial fue conocer al sargento de infantería Magín Garifa. Él, al igual que muchos de nosotros, parecía alguien a quién le hubiera gustado nacer en otra época…

Cap 44 – Harto de “buenos tipos” con mala uva

Cuando hace años vi por televisión las imágenes del gran actor, director, escritor e intelectual español Fernando Fernán Gómez “mandando a la mierda” a un admirador, pensé que cómo era posible que una buena persona y además comunista, lo cual…

Cap 43 – Retirada de material

Ayer una buena amiga paso por el quirófano para “ retirada de material ”, que he aprendido hace muy poco es como se llama en el argot hospitalario a la operación, que antes denominaba como la mayoría, “quitar tornillos”. A…

Cap 42 – Te prefiero así

“A mí me gustas mucho más así”-me ha dicho ayer. ¿Así, cómo? ¿Con la guardia baja, algo desanimado, y sin ganas, dentro de mis limitaciones, de ser irónico e ingenioso? –le respondí.

Supongo que ella pensaba que acababa de inventar una gran frase con la que me llevaría a la reflexión, y que ésta empieza, claro está, por pensar de ella que se trata de una mujer profunda.

Pero adonde me condujo, no fue a la reflexión, sino a una flexión, de tronco, que completaba el gesto de mi mano extendida, para despedirme de ella diciendo: Adiós señora Freud. Ha sido un placer pero ahora debo regresar con mis amigos superficiales, que son menos sibaritas a la hora de preferirme.

Ya en otra ocasión me lanzó un mensaje que debía haberme abierto los ojos y darme cuenta al instante de que estaba ante una gran conocedora de las personas y la vida. Aquella vez recuerdo que me dijo, más o menos: “Que afirmes que no tienes grandes problemas es un claro síntoma de que los tienes”.

¿Qué? ¿Cómo te quedas?. Si, si, aunque no te lo imagines, personas así andan sueltas con su gran talento a cuestas, sin que el resto seamos capaces de reconocérselo.

Pero a mí me pasa en estas cosas como en lo de los adivinos. Si saben lo que pasará ¿Porqué no adivinan la lotería en lugar de pasarse la noche hablando con solitarios insomnes, tras una mesa con un par de velas, a euro el minuto?

Lo que quiero decirte es que, a la mayoría, la vida nos va más o menos bien. Seamos realistas. Nos quejamos, como es lógico, porque es lícito e incluso deseable para el desarrollo aspirar a más, pero solo necesitas ojear o clicar en un periódico para darte cuenta de que eres afortunado.

Precisamente cada día, cuando monto a caballo, prácticamente lo único en que esta tarea me permite pensar, aparte de cómo mejorar el ceder a la pierna o paso atrás, es en lo afortunado que soy.

Y… ahora que lo pienso, el deporte ecuestre, sigue vendiéndose igual que hace cien años, cuando la sociedad ha evolucionado mucho, y con ella el concepto de calidad de vida.

Cuando montas a caballo no necesitas nada y nadie más para sentirte bien. No hablo de competir, sino de sentir este placer que supone olvidarte de casi todo por un rato. Incluso de la señora Sánchez que nos dice que tenemos problemas y si quieres “podemos hablar de ello”. Mi problema, señora, ahora mismo es que galopo, se acerca la esquina del picadero y quiero que el caballo se incurve mejor que en la anterior vuelta, suelte un poco el filete y pueda agradecérselo acariciándolo entre las orejas…

Fdo: Maurice

Cap 41 – Viéndolas venir

Estábamos aún con la resaca de besos, abrazos y brindis deseándonos un mejor año nuevo, cuando aparece el Ministro de Hacienda esta semana para decir: “Este año será el más difícil”. De momento, para el lunes, ya han anunciado temperatura…

Cap 40 – Avería en el corazón

Se me avería Internet. El servicio lógicamente no atiende. Sabes que no tengo televisión. Temprano aún para acostarme, pero ya es de noche y una densa niebla que agudiza el frío desanima a acometer cualquier plan al aire libre que se me ocurre. A pesar de ello, he montado esta tarde y he disfrutado.

Una joven potra que promete. Siempre es así al principio, por suerte. ¿Un libro? Ya lo he hecho, y aun saboreando cada página, he liquidado las últimas de “Falcó” (A. P. Reverté) en un santiamén. Todo entretenimiento debo buscarlo dentro de mi cabeza.

Descartaré los pensamientos negativos, para centrarme en algo que realmente me divierta. Hoy no quiero llamar a la puerta de la nostalgia. No es la noche apropiada.

Podría llamar a Isabel. Ayer lo hice para desearle buen año y me respondió llorando, porque estaba sacando sus cosas de la casa de su novio. Malas fecha para dejar una relación, si es que se puede decir que hay buena fecha para hacerlo. No la llamaré. Supongo que prefiere escuchar sus propios pensamientos y tener el teléfono libre por si recibe la llamada que ella asegura que no llegará.

Siempre andamos esperando tener un rato libre para hacer lo que nos de absolutamente la gana, o simplemente no hacer nada, y cuando las circunstancias nos lo conceden no sabemos muy bien por dónde empezar. Si viviera en la ciudad sería distinto, o no, puede que aún me sintiera más solo. Tomar una cerveza en un bar, charlando con un camarero que te deja a media conversación cuando un cliente le reclama una infusión es un golpe bajo.

Hoy es Noche Vieja, un día especial para los que creen que las noches especiales vienen marcadas en el calendario. Intento recordar cuál ha sido mi mejor revellón. Hace dieciséis años, la del paso de milenio, en el Casino, puede que fuera la más glamurosa, aunque el reparto era desequilibrado y el número de varones dominaba claramente, por lo que el final era muy previsible.
Las últimas las hemos pasado muy bien, en compañía de buenos amigos en una casa de montaña, donde la chimenea y el champan hacen todo lo necesario para que sean entrañables y divertidas a la vez. Aunque ahora recuerdo como las más especiales las que pasé en mi etapa cántabra. Por la noche mi ritual era tan solo una botella de Moet Chandon y un bogavante, y el día uno, nos íbamos con Daniel a dar un largo paseo a caballo entre eucaliptos. Todo el valle olía a hogar de leña, y también a cocido montañés que se iba pochando lentamente en las casas para reponer fuerzas en la comida de Año Nuevo. Daniel solía llegar un poco antes porque creo recordar que la mayoría de veces no había llegado a acostarse, pero era joven, era cántabro de pedigrí, y aguantaba bien. ¡Que privilegiado me sentí aquellos años!.

Bueno, mañana será otro día, seguro que mejor,-con o sin Internet- y pasado otro año, ojalá que mejor, para todos. Para mí, si estamos todos para hacer balance, ya lo habrá sido. Un buen año, quiero decir.

Fdo: Maurice

Cap 39 – Cuando Dean Martin y Frank Sinatra felicitaban la Navidad

No, no me he olvidado de ti hoy. Ni de ti, ni de todos aquellos que como nosotros han vivido y siguen haciéndolo de alguna manera como hombres siempre a un caballo pegados.
Algunos, como tu y como yo, esto les ha costado, o servido, para estar relativamente solos en ocasiones como ésta de los días de Navidad, que aprovecho para decirte que a mí me gustan.

Moderadamente, me gusta mucho la Navidad. Con los años se van creando tradiciones propias, de tu entorno más íntimo, que creo es lo que hace sean especiales estos días. No inventar nada, simplemente intentar que ocurra de nuevo lo mismo cada año. Las sorpresas son cosas de carnaval, o Hallowen, o despedidas de solteros.

Estoy escuchando al malote Dean Martin cantando “Winter Wonderland”. Así empieza siempre la Navidad en mi casa. Llámame poco patriota pero a mí nunca ha conseguido engancharme Raphael con su porompompompom.

No es fácil sin embargo en estas épocas contagiarte de espíritu navideño salvo que vivas en el Madrid de los Austrias o en un pueblo con pesebre viviente. Piensa que yo viví una época en la que el basurero, el sereno, el cartero… te pasaban a felicitar las fiestas entregándote con una mano un tarjetón mientras te mostraban la otra haciendo cuenco.

Todas las empresas, por pequeñas que fueran, entregaban aguinaldos a los empleados. Las luces se encendían cuando tocaba (no un mes antes), en las casas había pesebre, los ayuntamientos tenían pesebre, en las clínicas montaban pesebre, en los colegios había pesebre, en algunos tableros de camión había pesebre, en las gasolineras había pesebre, y en las iglesias, por supuesto, había pesebre, y la Misa del Gallo era a las doce en punto.

¿Nostálgico esta noche?. Claro. ¿Tu no? Dean Martin y Frank Sinatra, todo el año dedicados a ejercer de canallas oficiales de USA, y estos días, en los años sesenta, batían records de audiencia en sus especiales de Navidad, cambiando el Dry Martini por la zarzaparrilla, rodeándose de sus familias e incluso invitando a cantar a Bing Crosby su inevitable White Christmas. Nada vuelve nunca a ser exactamente como antes, incluso puede que ni antes fuese exactamente como te digo que era, pero… así está bien para mí.

Mi sobrina llega mañana. Lleva más de tres meses viajando, peligrosamente, o no, (eso no lo ha sabido ni ella, por suerte) por Sudamérica. Tengo tantas ganas de verla como de ver la cara de su abuela cuando la abrace olvidando sus fastidiosos dolores de espalda que casi le impiden guisar el pavo.

Esto es también para Maurice lo mejor de la Navidad, eso y que se cumplen más de dos mil años, que son pocos, que nació Jesucristo, que es mucho. Que a lo mejor es todo.

Fdo: Maurice

Cap 38 – El hombre de verde

Llegué a la estación sin billete. No era necesario reservar ya que me informé previamente de que había suficientes salidas y prácticamente en todas ellas, plazas disponibles. La taquillas de venta estaban completamente libres y me dirigí hacia una al…

Cap 37 – Insomnio

Cada día se me hace más difícil dormir seguido. Ese es un detalle fundamental que te alertará de que te estás haciendo viejo. Ya verás. Dormir de un tirón pasa a ser de las mejores cosas que pueden pasarte en…

Cap 36 – El buen ambiente del MHW

La acerque a mí cogiendo firmes las solapas de su abriguito de lana cheviot y le dije: cuando notes un latigazo como este en tu corazón, entonces sabrás que estás enamorada. 

Habíamos terminado de cenar en una de las mesas al borde de la pista de concurso del Madrid Horse Week invitados por el padre de una de las amazonas que disputaban la prueba de esta noche. Un imprevisto hizo que nuestro anfitrión debiera ausentarse y una mesa que pretendía albergar una apacible reunión de familiares que iban a animar a su recién nacida estrella hípica, se convirtió en un grupo heterogéneo que sorprendentemente funcionó tan bien como lo hacen la lima y la ginebra.

Dos chicas de 21 años, Clara y Valeria, Augusto, el novio de Clara, que tiene la misma edad, Manuel de cuarenta y tres, y yo, de más… muchos más.  Supongo que por esa diferencia de edad y por ser para ellos no habituales del ambiente hípico, al principio nos trataron como a dos personajes caducos a los que educadamente intentaban enseñar lo que estaba pasando en la pista. 

Les aclaré que Manuel había competido en pruebas importantes y que yo tenía también algo de idea de hípica. No para presumir, sino, de verdad y para ser honestos, cambiar de conversación. 

Augusto es un niño encantador, que da la impresión de querer seguir siendo ambas cosas el resto de su vida, mientras ellas dos…, ellas …podría decirte que eran la reencarnación de Lauren Bacall y Marlene Dietrich. 

Inquietas, listas, no perdían detalle de lo que pasaba, y se dirigían con una soltura a los camareros como si su parvulario lo hubieran vivido en un salón del Hotel Ritz. Al terminar los postres, o puede que antes, pidieron ron con Coca Cola. Nosotros seguimos con el reserva de Rioja Glorioso.  La conversación fue convirtiéndose en un interrogatorio hacía mí. No sobre mi vida, que es evidente no les importa nada, sino de cómo creía que sería la suya. 
Ponían una tras otra sus preguntas sobre el mantel como en una partida de las siete y media. Aún tienen la edad en la que se piensa que las dudas se irán resolviendo cuando pasen los años, y no iba a ser yo quién las iba a desengañar. Mi vanidad no me permite estos excesos. En la pista saltaba Beerbaum, al que llaman el “Kaiser”, un gran aplauso llamó nuestra atención,  pero yo, esta noche del último viernes de noviembre, no le hubiera intercambiado la silla.

Clara se despidió asegurándome que seguiríamos nuestra conversación el día siguiente, pero no apareció. Lógico, era fin de semana y supongo que apurarían la noche yéndose con sus dudas a otra parte de Madrid.

Nadie que viva en España, sea aficionado a los caballos y tenga saldo positivo en su banco debería perderse cada año el Madrid Horse Week.  Pasan muchas cosas durante cuatro días, en las pistas y fuera de ellas. Es como en un tiovivo que no para de dar vueltas y lo disfrutas en todo momento ya sea sentado en el camión de bomberos o simplemente viéndolo girar.

Fdo: Maurice